La historia de San Agustín y de cómo buscó el camino hacia Dios es una enseñanza sobre la búsqueda de la verdad y sobre encontrar el amor de Dios. Su vida es un maravilloso ejemplo del enorme peso que pueden tener en nuestro futuro la filosofía y los valores que sostienen nuestro diario vivir.
Él nos guía como comunidad educativa para aplicar sus enseñanzas y valores en nuestro proceso de aprendizaje, convocándonos a buscar a Dios en comunidad como una base sólida para caminar firmes por el sendero que Jesús nos predicó.
San Agustín quería que el mundo viviera en paz y en armonía, para que todas las personas pudieran ser felices y encontraran la verdad. Deseaba que todos siguieran los mandamientos de Dios, dejaran de hacer cosas malas, no lastimaran a los demás y trataran a todas las personas con respeto y amor.
Nuestro santo patrón fue un niño como cualquier otro, no entendía el propósito de la vida, cometió errores, fue rebelde, inquieto y arriesgado. Con el paso de los días, encontró el propósito de su vida gracias al ejemplo de su madre Santa Mónica.
Como estudiantes de Nuestra Señora del Buen Consejo, podemos seguir el ejemplo de San Agustín practicando los valores que él nos enseñó. San Agustín nos invita a amar a Dios, buscar siempre la verdad, respetar a los demás y vivir con amor, paz y solidaridad, tanto dentro como fuera de nuestro colegio.
De esta manera, podemos ser personas de cambio en el mundo, porque cada buena acción cuenta. Si ayudamos a una persona, estaremos contribuyendo a ayudar a muchas más, ya que cada granito de arena puede hacer la diferencia y llevarnos a ser nuestra mejor versión.
Nunca es tarde para cambiar, si buscamos en lo más profundo de nuestro corazón, siempre podremos encontrar la verdad. San Agustín nos recuerda que Dios nos fortalece y nos acompaña en cada momento de nuestra vida. Por eso, debemos reconocer nuestros errores, pedir perdón cuando sea necesario y esforzarnos cada día por hacer el bien.
Como comunidad educativa, afirmamos diariamente el ejemplo de San Agustín en nuestras vidas siendo responsables, respetuosos y honestos; ayudando a quienes lo necesitan; trabajando en equipo; cuidando nuestra querida institución; y promoviendo un ambiente de paz, pensamiento crítico, amistad, respeto y fraternidad.
De esta manera, honramos y seguiremos honrando el legado de San Agustín, contribuyendo a construir una sociedad más justa, solidaria y fraterna, inspirada en los valores que él nos dejó.